Periodismo ambiental es el tratamiento a través de los medios de comunicación de los temas relacionados con el medio ambiente. Si consideramos al medio ambiente como el conjunto de sistemas naturales y sociales en donde conviven el humano y los demás seres vivos presentes en el planeta, debemos convenir que el periodismo ambiental es uno de los géneros más amplios y complejos del periodismo.
Para definir el perfil del periodista ambiental, se consideran cinco características fundamentales: 1) es un periodismo de investigación; 2) es una forma del periodismo científico; 3) es un periodismo educativo, pedagógico; 4) es consciente de cumplir una responsabilidad social específica, y 5) debe ejercerse con profesionalismo, objetividad y responsabilidad, sin confundirlo con la militancia ecologista.
Cualquier periodista puede tratar una noticia de impacto ambiental, como un derrame de petróleo en una refinería, pero esto no es por sí solo periodismo ambiental, a menos que la información vaya más allá de la noticia del momento. De las cinco preguntas clásicas que todo periodista debe responder: ¿qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo? y ¿porqué?, la más importante para el periodista ambiental es ¿porqué?.
La presencia de una crisis ambiental es bastante fácil de aceptar, pero lo difícil es que un sector o grupo asuma la responsabilidad de haberla provocado. La tendencia más común es explicarla como un accidente. Así como no aceptamos la casualidad cuando tratamos la enfermedad de una persona, no podemos aceptarlo al hablar del ambiente. Es preciso indagar el origen, las causas de esta situación.
El periodista ambiental, para considerarse tal, debe ir más allá del hecho y la noticia del momento; debe buscar brindar al lector aquellos elementos que le permitan entender cuál es la historia, cuál es el origen y la evolución del fenómeno que está considerando. Para ello es necesario identificar a los diferentes factores y protagonistas que intervienen en el suceso, cuál ha sido y cuál es su influencia actual.
Cuando hablamos de crisis política asumimos sin dificultad que la misma es provocada por la existencia de intereses o puntos de vista antagónicos. De la misma manera, para entender en qué consiste la crisis ambiental, es necesario hablar de conflicto ambiental. Definimos un conflicto ambiental como la incompatibilidad de intereses y/o percepciones en la prevención o reparación de un daño ambiental.
Al realizar la investigación de un fenómeno ambiental crítico, vamos a encontrar que el mismo es el resultado de la acción de actores y puntos de vista controvertidos. El papel del periodista es justamente identificar y explicar el papel de cada uno de esos factores, de manera que el lector pueda entender porqué se llegó a la situación actual y cuáles son sus tendencias de evolución posible en el futuro.
Los actores del conflicto ambiental
A los efectos de describirlo y analizarlo, un conflicto ambiental puede ser clasificado de distintas maneras: 1) por sus fases: inicio, desarrollo y finalización; 2) por el papel de sus agentes: generador, receptor, iniciador, regulador; y 3) por los actores: un país o Estado, el capital privado (a través de una industria, laboratorio), una comunidad local o un grupo social, científicos y/o centros de investigación, etc.
Muchas veces no es fácil identificar a esos factores, porque tienen que ver con ideas o nociones muy arraigadas en nuestras sociedades, que hemos recibido como verdades absolutas y universales. En esos casos están, por ejemplo: las nociones de desarrollo, de crecimiento económico y de progreso social. También el ideal de bienestar humano, los estilos de producción y de consumo consiguientes.
O sea, hay que estar abierto a cuestionar los pilares de esta civilización, los supuestos de la ciencia y la tecnología, y la creencia de la economía moderna en la posibilidad de un crecimiento y bienestar material ilimitados. Las corrientes ideológicas principales de esta cultura occidental, el liberalismo y el marxismo, más allá de sus diferencias, no han mostrado diferencias sustanciales en tales presupuestos.
Tenemos una idea bastante clara de los "costos sociales" de las decisiones políticas; la noción de "costo ambiental" es mucho más reciente. Pero al aceptar esta idea, algunos pretenden incorporarla a las reglas de la economía actual, calculando "el precio" de una planta, de un gen o de una especie ... Esto es imposible; es una incompatibilidad entre dos formas de percibir el mundo por los seres humanos.
La existencia de una crisis ambiental involucra las nociones culturales fundamentales del ser humano (científicas, filosóficas, religiosas). Cada civilización histórica ha tenido una idea de bienestar humano y social. Cada cultura ha desarrollado una forma de satisfacer sus necesidades y de relacionarse con la Naturaleza y el Universo que la rodea. Desde que hay una crisis ambiental, hay una crisis de paradigma.
Periodismo científico y educativo
El periodismo ambiental es una rama del periodismo científico porque al tener que tratar con fenómenos y problemas de la Naturaleza, incluidos los seres humanos, debe apelar a las interpretaciones de las ciencias físicas, químicas, biológicas, etc., existentes en la actualidad. Hay que hacer accesibles al lector esos enfoques, pero no podemos olvidar que estamos ante un enfoque más, que no es el único.
Fuente:
Bacchetta, V. (2002). Perfil del periodista ambiental. Sala de Prensa , 2 (IV), 1.
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Equilibrio Bio-sistémico
El ser humano ha poblado el planeta Tierra desde hace más de XX siglos. Desde sus inicios comenzó a explotar los recursos naturales a partir de una visión egocentrista donde el beneficio personal establece los parámetros de comportamiento cultural, económico, político y social.
“El proceso de crecimiento y desarrollo no ha sido lineal o constante. Hay ambas tendencias a largo plazo en la condición humana - el aumento de población, el desarrollo cultural, la explotación global, el empleo de recurso - y el modelo cíclico de actividad política y económica y el desarrollo tecnológico. Sociedades humanas han crecido y se han derrumbado muchas veces en la historia humana”. (Harris, 2007)
Sin embargo, un factor importante con el que no ha contado la especie humana es el agotamiento de los recursos. Mientras más aumenta el “desarrollo” y las extensiones urbanas invaden el campo, hay un deterioro inversamente proporcional del planeta. Mismo que se traduce en contaminación global, rompimiento de la capa de ozono, escasez de agua, efecto invernadero, calentamiento de la superficie terrestre, etc. La lista es interminable y las acciones correctivas para remediar la situación son insuficientes.
El desarrollo de la urbe se ha vuelto insostenible, mientras los políticos pelean por su rebanada del pastel y las grandes transnacionales se aventajan de los países en vías de desarrollo, el planeta pide a gritos un descanso. En un intento desesperado por subsanar la situación se han creado nuevas tecnologías que produzcan menos desgaste a la naturaleza y evite el agotamiento de los recursos no renovables, además de disminuir la contaminación.
El reto al que se enfrentan estas nuevas tecnologías es primeramente económico, puesto que como en todo el quehacer humano, los intereses del capital se anteponen a cualquier otra cosa. Y habrían de existir beneficios palpables para los inversores. Otro punto importante es la evidente dicotomía prevaleciente del sistema, es decir que sólo tendrá acceso a estas tecnologías quién tenga dinero suficiente para invertir.
Siendo realistas, los países más desarrollados con posibilidades de invertir son los más contaminados, y los países pobres o “en vías de desarrollo” como disfrazadamente los llaman, que son los que generalmente tienen mayores riquezas naturales tendrán que someterse o perecer.
Es un hecho: mientras no se modifique la cultura del ego, y el pensamiento humano evolucione en pro de un bien colectivo, aislado de vanos intereses económicos y políticos, no existirá el cambio profundo que requiere el planeta. Los recursos continuarán en un decremento y la especie humana llegará a su decadencia.
La conciencia de un equilibrio bio- sistémico, donde la vida depende de más vida, es necesaria. Sin continuamos creyendo que solo podemos proveernos sin retribuir algo a cambio, no existe futuro alguno.
Las políticas de Estado deben reformarse y vislumbrar un futuro más allá del inmediato, puesto que deben atacarse de raíz problemas como la corrupción , la sobrepoblación, y sobretodo la ética humana, preservando el valor por la naturaleza.
Fuente consultada:
Harris, G. (2007). Seeking Sustainability in an age of complexity. Cambridge, England: Cambridge University press .
“El proceso de crecimiento y desarrollo no ha sido lineal o constante. Hay ambas tendencias a largo plazo en la condición humana - el aumento de población, el desarrollo cultural, la explotación global, el empleo de recurso - y el modelo cíclico de actividad política y económica y el desarrollo tecnológico. Sociedades humanas han crecido y se han derrumbado muchas veces en la historia humana”. (Harris, 2007)
Sin embargo, un factor importante con el que no ha contado la especie humana es el agotamiento de los recursos. Mientras más aumenta el “desarrollo” y las extensiones urbanas invaden el campo, hay un deterioro inversamente proporcional del planeta. Mismo que se traduce en contaminación global, rompimiento de la capa de ozono, escasez de agua, efecto invernadero, calentamiento de la superficie terrestre, etc. La lista es interminable y las acciones correctivas para remediar la situación son insuficientes.
El desarrollo de la urbe se ha vuelto insostenible, mientras los políticos pelean por su rebanada del pastel y las grandes transnacionales se aventajan de los países en vías de desarrollo, el planeta pide a gritos un descanso. En un intento desesperado por subsanar la situación se han creado nuevas tecnologías que produzcan menos desgaste a la naturaleza y evite el agotamiento de los recursos no renovables, además de disminuir la contaminación.
El reto al que se enfrentan estas nuevas tecnologías es primeramente económico, puesto que como en todo el quehacer humano, los intereses del capital se anteponen a cualquier otra cosa. Y habrían de existir beneficios palpables para los inversores. Otro punto importante es la evidente dicotomía prevaleciente del sistema, es decir que sólo tendrá acceso a estas tecnologías quién tenga dinero suficiente para invertir.
Siendo realistas, los países más desarrollados con posibilidades de invertir son los más contaminados, y los países pobres o “en vías de desarrollo” como disfrazadamente los llaman, que son los que generalmente tienen mayores riquezas naturales tendrán que someterse o perecer.
Es un hecho: mientras no se modifique la cultura del ego, y el pensamiento humano evolucione en pro de un bien colectivo, aislado de vanos intereses económicos y políticos, no existirá el cambio profundo que requiere el planeta. Los recursos continuarán en un decremento y la especie humana llegará a su decadencia.
La conciencia de un equilibrio bio- sistémico, donde la vida depende de más vida, es necesaria. Sin continuamos creyendo que solo podemos proveernos sin retribuir algo a cambio, no existe futuro alguno.
Las políticas de Estado deben reformarse y vislumbrar un futuro más allá del inmediato, puesto que deben atacarse de raíz problemas como la corrupción , la sobrepoblación, y sobretodo la ética humana, preservando el valor por la naturaleza.
Fuente consultada:
Harris, G. (2007). Seeking Sustainability in an age of complexity. Cambridge, England: Cambridge University press .
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